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Facundo Arteaga y la danza del saber

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Facundo Arteaga nació hace 32 años en General Acha, es licenciado en Folklore y profesor de danzas nativas, ahora vive en Intendente Alvear y en enero quiere ganar el Festival Nacional del Malambo de Laborde, Córdoba. Como no sabíamos a cuál Facundo entrevistar, si al investigador científico o al malambista, Tumacondo decidió hacerle preguntas a los dos. Y Facundo respondió. 

-¿Hay una identidad pampeana?

-En todos los procesos de construcción de identidad cultural hay un doble proceso de poder identificarse para pertenecer y para diferenciarse, al mismo tiempo. Uno tiene muchas identidades. Yo soy pampeano frente a un bonaerense, pero soy achense frente a un santarroseño. Poder decir que hay una identidad pampeana es una quimera, eso de pensar que hay una sola identidad.

Hay algunos factores comunes a esta idea de esencia, pero hay muchas más identidades de las que uno piensa. Algunos factores pueden ser en el hablar, tenemos una tonada... tenemos algunos códigos en el lenguaje, como decir masita en lugar de galletita... también una cierta mirada a la llanura, con cierta pasividad, tranquilidad en el hacer, o la manera en la que tocan la guitarra los pampeanos. Vos lo escuchabas a Paulino Ortellado y su manera de tocar, dicho por Juan Falú, hacía una identificación del estilo pampeano. Pero no hay una sola identidad pampeana, podemos tratar de reconstruirla pero sigue siendo forzado.

-Has investigado los remedios naturales de La Pampa, ¿cómo fue tu aproximación al tema?

-Uno siempre tiene más acceso a la información de la propia cultura, sin saberlo, pero cuando encontrás la manera de cómo buscarla, te das cuenta del caudal de conocimiento que tenés de esa cultura. Y comencé a estudiar las construcciones ficcionales sobre Ibrahim Sarán, personaje muy conocido del Oeste. Se hace una construcción ficcionaria alrededor de un personaje atribuyéndole cualidades no naturales. Respecto a él, se pensaba que no se lo podía matar. Llegó a tener más de medio millón de hectáreas acá en La Pampa, algunas por posesión de terrenos fiscales, otras porque envenenaba el agua o mataba a los vecinos, dicho por personas que lo conocieron.

Y se decía que no se lo podía matar, y se dice que recibió tiros y puñaladas. Un poblador de la zona, Pablo Maurín, me dijo que Sarán tenía una especia de coraza debajo de la ropa y además estaba siempre rodeado de matones. Incluso en el 2000 había gente que pensaba que no había muerto. Empecé trabajando eso, pero tuve que cambiar el tema de la tesis por algunas circunstancias y a mí me interesaba la medicina folklórica, en términos de medicinas tradicionales. Trabajé sobre el curanderismo y remedios naturales, y pude investigar en Acha, Toay, Santa Rosa e Intendente Alvear.

-¿Y se abrían a contarte?

-Si, si sos de acá es más fácil. Niegan que curan, por lo del ejercicio ilegal de la medicina. Pero volvía, charlaba, tomaba unos mates y veía que la gente llegaba a curarse... a tratarse, de los más diversos padecimientos, como unas chicas que fueron para saber si estaban embarazadas. La raíz de eso está en Europa en el 1500, traído y resignificado por conquistadores y colonizadores, junto con saberes de raigambre católica... todos los curanderos son muy católicos, el curanderismo es fundamentalmente católico.

Y la gente va porque le resulta efectivo para el empacho, el mal de ojo, la culebrilla, la envidia, porque la envidia también se vive como enfermedad. Una vez vi a un paisano del Oeste que llegó par tratarse un dolor en una rodilla y después le hizo curar de palabra la camioneta para que le arrancara todo el invierno.

-Pasemos al malambo...

-En enero está el festival de Laborde. Recién ahora habilitaron a llevar otra cosa que no sea música en vivo, porque no se podía enchufar una guitarra. Y mi idea es poder traer un premio más a La Pampa. Acá tenemos campeones como el Indio Rossi, Sergio Pérez, Pablo Molina, Rodolfo González Alcántara...

-¿Y en qué punto se rozan el investigador del folklore con el bailarín de malambo?

-Lo que me dio el folklore como ciencia fue tener la capacidad de analizar ciertos fenómenos que me nutrieron en el todo, como repensar un atuendo, buscar fotografías viejas, material de archivo, ver las idiosincrasias regionales... porque nuestra forma de zapatear nos identifica como pampeanos, con mucha fuerza sin el golpe, con esos planeos que se hacen largos, conectando mucho con el piso, cepilladas largas, movimientos circulares, mirar a la distancia, eso es muy nuestro. Poder ver esas cosas, eso me dio esta doble formación de la teoría y de la práctica.

Modificado por última vez en Viernes, 27 Diciembre 2013 12:48







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